El 10 de agosto 2025: Lucas 12, 32-48

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Por favor, lean este pasaje ante de la homilía.

“Esten listos, con la túnica puesta.  Cíñete la cintura.” Eso significa quitarte el abrigo, arremángarte, y ponerte los zapatos de trabajo.  No celebramos las bodas de esta manera hoy.  En los tiempos de Jesús se celebraban las bodas de esta manera.

El novio iba a la casa de la novia y llamaba a la puerta y la llevaba a su casa en procesión.  Entonces, si la procesión pasaba por casa de los abuelos ellos se ofendían mucho si no los conocían al nuevo esposo de su nieta. Sin parar, lentamente, la procesión avanzaba a la fiesta.  Dichosos los sirvientes encargados del servicio de la comida a la fiesta si aun estuvieran trabajando cuando llegara la procesión nupcial.

Ahora la situación ha cambiado.  Vamos a nuestra propia boda.  Somos novios con el Señor en el matrimonio que se celebra en el cielo.  ¿Estamos atentos a lo que hacemos?

Pedro le preguntó a Jesús si la parábola era para él y los demás discípulos. La respuesta de Jesús fue preguntarle quién más sería el fiel servidor y proveedor. En cierto sentido, nosotros somos los proveedores y, en otro, somos atendidos por el Señor mismo. Aquí en la tierra, el Señor mismo nos abastece como alimento y bebida. Luego, debemos abastecer a los demás siendo el alimento y la bebida que los nutre con la palabra de Dios. Lo que recibimos en la Comunión, debemos compartirlo con quienes están más allá de nosotros. Un día, al terminar nuestra procesión, llegaremos a la plenitud del banquete celestial y encontraremos al Señor Jesús mismo sirviéndonos.