¿Cómo será la nueva y gloriosa edad?
Isaías la vio como cuando el desierto cambiaría en un invernadero, como cuando no habría temor, como cuando los ciegos verían, como cuando los sordos oiría la música, como cuando dolor y pena se abolirían.
¿Qué hizo Jesús en su vida pública? Según San Mateo, por Jesús, los ciegos vieron, los sordos oyeron, los cojos anduvieron, los leprosos se quedaron limpios, los muertos resucitaron, y a los pobres se les anunciaron el Evangelio.
Puedo imaginar a Juan el Bautista en la cárcel, dando vueltas en su cabeza si Jesús fuera el que hubo de venir o no.
¿Cuál contestación experimentamos cuando oímos lo que Juan pregunté o cuando oímos las palabras de Isaías el profeta? Nuestra tradición popular católica habla de flores que milagrosamente apareció donde Jesús pasaba. Nuestras Sagradas Escrituras hablan de los ángeles con pastores y de los magos y la estrella. Todos testifican que, para ellos, Jesús es el que debía venir.
Sin embargo, experimentamos muchas dificultades, penas y dolores en esta vida. Ellas nos desafiamos a continuar creyendo en Jesús a pesar de que no vemos signos de Jesús. ¿Cuáles batalles, cuales adversidades, cuales inquietudes vemos? Pero si, en estos ¿cómo experimentábamos la presencia del Señor o como experimentábamos la ausencia del Señor?
La pregunta de Juan nos regresa a nosotros. La fidelidad de Isaías nos desafía. ¿Necesitamos encontrar a Jesús en la riqueza de cosas, en mansiones, teléfonos inteligentes, autos eléctricos, regalos caros de Navidad? O bien, ¿más probablemente le encontramos a Jesús en nuestras relaciones de la familia, con amigos y con los compañeros de trabajo, y en la simplicidad de nuestra vida? Se alegren nuestros desiertos y se cubrirán de flores.