El 20 de julio 2025: Lucas 10, 38-42

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Por favor, lean este pasaje ante de la homilía.

“¿Quién es mi prójimo?” Fue la pregunta de la semana pasada.  “¿Quién es mi discípulo?”  es la pregunta de hoy.

Él que ungió con aceite y vino y lo llevó a un mesón para su convalecencia fue el prójimo a la víctima que había caído por los ladrones.  También, a victima que recibió la ayuda del samaritano tuvo que recibirlo como su prójimo.

La discípula es una que recibe al Señor en su vida, sentándose a los pies de Jesús y escuchándolo.   Ella también es discípula que reciben al Señor en su casa y le sirve comida y bebida.

Los benedictinos tienen un lema, “Ora y labra”.  No quieren decir que su labor es su oración ni que su oración es su labor.  Como si el uno o el otro es los dos.  Sino es que su labor es una parte de su oración y su oración es una parte de su labor.  Tienen que hacer el orar y el labrar.

Hoy, en esta ocasión, Dios había llamado a María a sentarse y escucharle, y Marta también a cocinar y servir.  Alguien tiene que entretener a Jesús mientras la otra prepare la mesa; alguien tiene que preparar la mesa con comida y bebida mientras la otra conversa con Jesús.

Así, también es con nosotros.  En la misa unos escuchan y otros hacen otras labores, como la preparación del altar, acomodante y sirviendo o presidiendo.  Todos somos discípulos, teniendo varias funciones para el bien de todos.  Ningún discípulo es más o menos importante que los demás.

El texto griego llama la parte de María la parte buena.  El latín se traduce la parte la mejor parte.  El texto español se traduce como mejor parte.  Tal vez tengamos que usar la griega y decir que las ambas, María y Marta escogieron las partes buenas.

Dios me eligió para ser sacerdote y eligió a muchos de ustedes a ser esposos.  Cada llamado es apto para él que lo recibe.  Todos son buenos.