Por favor, lean este pasaje ante de la homilía.
Esta es una historia de un hombre rico y su administrador. Hace dos mil años, un administrador era más que un empleado; era un miembro del hogar de su amo, al igual que una nurse o un conserje en nuestro tiempo. Despedirle al administrador era hacerlo sin hogar con ninguna posibilidad de contratar otro trabajo. Entonces, la urgencia suprema de la posición de este administrador.
¿Cómo se trabaja su intriga? No aparece que estafó al hombre rico de su inversión. Más bien remitió a los deudores el provecho del rico o bien el dinero que el administrador había impuesto para su propio uso. Restaurando a los deudores lo que originalmente era suyo, el administrador esperaba recibir algo de ayuda en el futuro.
Está bien, el administrador no debería hacer desfalcar el dinero de su amo o de sus deudores. podríamos alabar al administrador porque borra sus huellas y aliviar sus perdidas, pero no tenemos que decir que esto fue una decisión buena. Tengo que decir que esta decisión fue mal e inmoral.
Nuestro problema tal vez pueda no ser el de robar o el de desfalco de dinero del amo o de los deudores. El nuestro tal vez sea que no usamos bien los bienes que recibimos de Dios. Dios quiere que nuestra luz brille para que todos pueden ver y elogiar a Dios a causa de la luz que tenemos. Tenemos que usar bien los recursos que tenemos y no permitimos que los sean inusitados. El administrador uso mal el tesoro del otro, pero Dios nos ha confiado con nuestros tesoros mismos para que podamos usarlos bien.
No hacemos injusticia cuando usamos los dones de Dios bien. Muchas injusticias hacemos cuando nos negamos a usar nuestros dones bien y mal usamos los de otros. El Señor elogió al administrador porque usaba con sabiduría proveyendo para sí mismo. Nosotros hacemos con sabiduría cuando usamos bien nuestros talentos para la gloria de Dios, porque este es nuestro propósito final.