El 22 de febrero:

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Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.

El domingo passado, Sirácide nos dijo que tenemos el poder y la habilidad de cumplir los mandamientos.  El pasaje de hoy nos muestra que desde el principio hemos elegido decisiones que nos hieren.  Aunque continuamos llamar al hombre y la mujer Adán y Eva, podríamos llamarlos por nuestros nombres.  Dios nos ha colocado a Adán y Eva, a mí y a Ustedes, después que Dios mismo sopló en nuestras narices un aliento de vida.

Este sucio, despreciable serpiente en la hierba nos tienta, rezando si Dios de verdad nos ordenó que no hagamos cosas ciertas.  Contestamos, “Si”, pero el diablo nos tenia en su gancho para explicarnos lo que Dios de verdad pretendía y que nosotros podemos hacer todo lo que queremos nuestra manera.

La idea del diablo es que Dios quiere probarnos y contenernos de toda la maldad hasta el minuto último cuando Dios va a anunciar la gran broma, como recibimos la mentira de Dios, “Haz bueno ahora y recibirá la recompones al fin, pero nunca jamás.”  Aceptamos las palabras del diablo y aprendemos que el diablo es mentiroso y Dios es verdaderamente veraz.

Entonces, estamos aquí, contemplando nuestro pecado cuando reflectamos sobre el primer hombre y la mujer.  Tal vez reflectemos las tentaciones de Cristo y contemplamos nuestro llamado a ser sin pecado, Es cierto que la Cuaresma está para reconstruir.  Estaremos puliendo las piedras vivientes de la Iglesia y preparar a recibir muchas piedras nuevas y elegidas a través del Bautismo en la Vigilia Pascual.

El fracaso de los primeros humanos no era un fracaso devastador; se dice que Dios hizo para el hombre u la mujer unas túnicas de piel y los vistió para que los hombres pudieran con Dios “al fresco de la tarde”.

Por medio de una persona el pecado entró en el mundo; por medio de una persona diferente, la gracia reentró en el mundo.  Ahora a través de la gracia de esta persona, estamos siendo llamados a difundir esa gracia por todo nuestro mundo para que nosotros y todos los demás podemos caminar con Dios al fresco de la tarde.

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