El 24 de agosto 2025: Lucas 13, 22-30

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Por favor, lean este pasaje ante de la homilía.

Esfuércense por entrar por la puerta que es angosta.  La puerta ancha, la autopista, el camino para los camiones conduce a la comercia, a los negocios y a las fábricas, no a nuestros hogares.  Es la calle agosta con la velocidad máxima permitida de 25 millas por hora, que conduce a nuestras casas.

Hemos roto barrios al construir las autopistas que necesitamos para nuestros trabajos.  Hemos trasladado a la gente de las zonas de construcción a nuevos barrios.  Son los caminos agostos, los caminos residenciales, los que nos llevan a casa.

En los “viejos tiempos” teníamos murallas que rodeaban nuestros pueblos y cerraduras en las puertas de las ciudades.  Las cerraduras proporcionaban seguridad a los ciudadanos.  Si el comercio fuera su equipaje, tendrían que usar las puertas más anchas; las más pequeñas permitían a los residentes entrar y salir sin límite.

¿Cuál equipaje llevamos en nuestro viaje?  No estamos yendo a trabajar, sino a relejarnos en nuestro hogar.  Sólo necesitamos llevarnos a nosotros mismos.

Een nuestro vecindario natal, Dios prepara una fiesta de bienvenida.  Todos vienen sino no todos se les reconocen como de vecindario.  El anfitrión excluye a quienes no reconoce.

Si vienen del oriente o del poniente, del norte y del sur, encontraran sus asientos con sus nombres.  Se trata de ser los últimos en lugar de los primeros y de ser los primeros en lugar de los últimos.

Entren.  Tomen las calles de barrio, no las autopistas.  Aquí hay menos tráfico y se mueve a un ritmo más lento.  Así llegaran a la fiesta de bienvenida sanos y salvos donde podrán sentarse cómodamente.