Por favor, lean este pasaje ante de la homilía.
Érase una vez un amigo estaba golpeando a la puerta de su prójimo, queriendo ayuda para alimentar a su amigo que había venido de viaje a su casa. El prójimo se negó. Acababa de dormir a su hija pequeña y no quería hacer una fiesta. Sin embargo, el amigo persistió, y finalmente el prójimo se levantó, abrió la puerta, limpió su refrigerador, y le dio todo lo que necesitaba. La moraleja del cuento es que la persistencia con el tiempo vencerá.
Ahora supongamos que Dios y tú son las personas de la historia: ¿Es que tú que estás despertando a Dios queriendo su ayuda o bien es que Dios está despertando a ti para tu ayuda?
¿Quién está golpeando? ¿Quién está pidiendo un pescado? ¿Quién está queriendo huevos? ¿Quién está dando víboras, serpientes y los otros mismos?
Nuestros niños piden comida y nosotros los alimentamos. Queremos al Espíritu Santo; ¿es que Dios, nuestro Padre, va a darnos un espíritu mal?
Si Dios está golpeando a nuestra puerta, ¿Por qué nosotros no la abrimos pronto?
¿Acaso no llamamos a Dios, Nuestro Padre? ¿No queremos que su reino venga? ¿No necesitamos cada día nuestro pan para el cuerpo, el espíritu, la mente? ¿No necesitamos recibir el perdón y dar el perdon cada día? ¿No queremos venir al fin de nuestra vida, seguros en el perdón del amor misericordioso de Dios? ¿Nuestro Padre no tiene parte de nuestra vida diaria?
Señor, enseñamos a orar. Necesitamos tu paciencia y tu amabilidad a los que piden de ti. Necesitamos tu generosidad que está más que nuestra inconveniencia. Necesitamos estar listos cuando venga a nosotros para nuestra ayuda. Necesitamos recordar que tú eres nuestro Padre y todos somos tus niños.