Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
Los escribas y fariseos que trajeron esta mujer sorprendida en adulterio, ¿Se implicaban secretamente también en adulterio? ¿Qué mejor manera podemos de generar críticas de nosotros que acusando a los demás? Cuidado con los que hacen campaña contra el mal con todo su corazón. Tal vez quieran hacer lo mismo mal secretamente que los demás hacen sin restricciónes.
Tal vez hagamos molestias favoritas porque no nos atrevamos hacer algo o ser algo. Estas molestias pueden desviar la atención de los demás de nuestras faltas. Tal vez sean nuestras maneras de decir, “Nunca puedo atreverme hacer aquello o ser aquello. Entonces estoy contra todos los que hacen o son así.”
¿Estamos diciendo que los escribas y los fariseos estaban adúlteros secretos o qué no estaban fieles a sus esposas? No. Pero como no tiraban la primera piedra, tácitamente confesaban que eran pecadores. Yo, como cada uno de nosotros tengo que preguntarme que dicen mis molestias sobre mí, mis debilidades y mis faltas.
Jesús no condenó a la mujer. Sólo Jesús dijo que se fuera y no volviera a pecar. No le dio sermones, ni condenas, ni palabras de enojo. Estaba satisfecho estando de pie en su presencia y permitiendo que ella se fuera.
Jesús nos dice las mismas palabras, que nos permite que vayamos, sin ninguna palabra severa ni sermones. No se ofende por nuestros pecados, y entonces no necesita castigarnos o enojarse. Permite irnos y no volver a pecar.
Jesús fue tentado en todas maneras como nosotros, pero, sin pecado. No tuvo nada que quería ocultar, ningún motivo que quería desviar la atención de sí mismo. No tuvo interés personal con alguien, ni amor propio que necesita defender. Pudo estar a pie delante de pecador y relajarse porque no tuvo pecado que ocultar.
En la Vigilia Pascual por todas partes del mundo, los elegidos para el bautismo recibirán el perdón de todos sus pecados. Hay en nuestra parroquia un elegido para el bautismo. El Señor con su Iglesia lo recibirá, no con palabras de enojo, sino con una bienvenida caliente, sincera, y feliz.
En el sacramento de penitencia, el Señor recibe a los pecadores sin reprimenda o palabras de enojo. El Señor nos recibe en los brazos de su perdón. “Tampoco yo te condeno. Vete y ya no vuelvas a pecar.”