Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
Los ciegos conducen a los otros ciegos al peligro. Una persona que no puede ver no puede escoltar con seguridad a otro que no puede ver.
Si yo estuviera aquí y les dijera a ustedes que deberían hacer como penitencia, sería un ciego por ustedes.
La Cuaresma es el tiempo para celebrar la misericordia y compasión tremenda de Dios. Dios sabe que todos nosotros somos pecadores y Dios quiere que todos recibamos el perdón de nuestros pecados. Este es el tiempo cuando de una manera especial Dios nos dice, “Yo sé los pecados de ustedes y estoy listo para perdonar todos los pecados.”
Si, Dios nos ha dado la Cuaresma para recordarnos que Dios nos ha perdonado nuestros pecados, inclusos los enterrados bajo abundante hormigón a ocho kilómetros bajo tierra en algún lugar muy lejano y aislado donde esperamos que nadie los vea.
Si, este pecado, de este tiempo, y de este lugar, y que sólo Dios sabe que ustedes han hecho, sin embargo, Dios está dispuesto a perdonar aquellos pecados y los demás pecados de ustedes.
Somos como árboles. Dios nos mira y ve nuestra bondad. Dios nos poda porque Dios puede ver que podemos dar aún más frutos buenos. La Cuaresma es el tiempo para que Dios pueda podarnos. Todos nosotros necesitamos podarnos y necesitamos redención.
La Cuaresma es el tiempo para celebrar la misericordia y compasión tremenda de Dios. Celebramos la misericordia de Dios mejor cuando mostramos misericordia a los demás.
Cuaresma no es tiempo para que les digamos a los demás como hacer penitencia; es tiempo para que nosotros nos arrepintamos de nuestros pecados propios y mostremos a los demás la misericordia a pesar de sus pecados. Es cierto también que nosotros no hemos visto los pecados de los demás, hemos visto sólo nuestros propios pecados. Es dentro de nosotros donde pecamos, cuando recibimos la maldad en nuestros corazones, pero no podemos ver el lugar secreto dentro de los demás donde hacen el pecado. Es para que nosotros arrepintamos y que nos deshagamos de nuestras propias vigas. Nos corresponde a nosotros echar las frutas malas dentro nosotros para producir los frutos buenos para los demás.