Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
Tenemos que creer en los signos para que un signo tenga significado. Una boda puede ser una señal. Las personas quieren comprometerse con una vida común para su propio crecimiento y desarrollo, y también el de su sociedad.
Seis tinajas de agua de piedra, cada una con una capacidad de cien litros de vino. ¡Eso es mucho vino! ¿Sabes hacer un tarro de piedra? No se puede moldear. No se fundirse para reformarlo. Se tiene que moler el interior, un litro de piedra por un litro del volumen. Esta no es boda de un pobre. De hecho, es la boda de Dios.
El pueblo judío consideraba que tinajas eran resistentes al contagio. Podrían limpiarse y reutilizarse. Los recipientes de madera, de barro, o de tela, si están contaminados, tendrían que ser destruidos, pero no los de piedra. El vino de las bodas de Dios siempre se echará en tinajas de piedra y siempre serán limpias y sin ningún contagio en su interior.
La boda de Caná en Galilea fue un gran acontecimiento. Los resultados también fueron enormes. Los discípulos creyeron en Jesús.
Las bodas en la Biblia son señales del deseo de Dios de estar cerca de su pueblo. Hay señales del amor de Dios por su pueblo. Son señales de la lealdad de Dios hacia nosotros. Son señales que Dios nos considera dignos como personas y que Dios quiere pasar la eternidad con nosotros. Dios es como un novio que se deleita en su novia.
Si el noviazgo es una forma en que dos personas se miran mutuamente para ver si quieren hacer un compromiso permanente el uno con el otro, entonces Dios ha propuesto matrimonio declarado a nosotros y preparado una grande y magnifica boda para nosotros. Somos el pueblo con los que Dios quiere pasar la eternidad. Tenemos un profundo y querido valor y valía para Dios. Si por Dios, también entonces por nosotros mismos. Así Dios nos quiere tanto como para querer pasar la eternidad con nosotros, también debemos amarnos a nosotros mismos como Dios tanto nos ama.
Creemos en signos. Dios se ha casado con nosotros y ha sellado su boda con tinajas siempre limpias de su amor que es como vino bueno. Dios quiere comprometerse con nosotros en nuestras vidas comunes para nuestro crecimiento y desarrollo, y también el de su sociedad.
Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
El segundo domingo del TO: el 19 de enero Juan 2,1-11
Tenemos que creer en los signos para que un signo tenga significado. Una boda puede ser una señal. Las personas quieren comprometerse con una vida común para su propio crecimiento y desarrollo, y también el de su sociedad.
Seis tinajas de agua de piedra, cada una con una capacidad de cien litros de vino. ¡Eso es mucho vino! ¿Sabes hacer un tarro de piedra? No se puede moldear. No se fundirse para reformarlo. Se tiene que moler el interior, un litro de piedra por un litro del volumen. Esta no es boda de un pobre. De hecho, es la boda de Dios.
El pueblo judío consideraba que tinajas eran resistentes al contagio. Podrían limpiarse y reutilizarse. Los recipientes de madera, de barro, o de tela, si están contaminados, tendrían que ser destruidos, pero no los de piedra. El vino de las bodas de Dios siempre se echará en tinajas de piedra y siempre serán limpias y sin ningún contagio en su interior.
La boda de Caná en Galilea fue un gran acontecimiento. Los resultados también fueron enormes. Los discípulos creyeron en Jesús.
Las bodas en la Biblia son señales del deseo de Dios de estar cerca de su pueblo. Hay señales del amor de Dios por su pueblo. Son señales de la lealdad de Dios hacia nosotros. Son señales que Dios nos considera dignos como personas y que Dios quiere pasar la eternidad con nosotros. Dios es como un novio que se deleita en su novia.
Si el noviazgo es una forma en que dos personas se miran mutuamente para ver si quieren hacer un compromiso permanente el uno con el otro, entonces Dios ha propuesto matrimonio declarado a nosotros y preparado una grande y magnifica boda para nosotros. Somos el pueblo con los que Dios quiere pasar la eternidad. Tenemos un profundo y querido valor y valía para Dios. Si por Dios, también entonces por nosotros mismos. Así Dios nos quiere tanto como para querer pasar la eternidad con nosotros, también debemos amarnos a nosotros mismos como Dios tanto nos ama.
Creemos en signos. Dios se ha casado con nosotros y ha sellado su boda con tinajas siempre limpias de su amor que es como vino bueno. Dios quiere comprometerse con nosotros en nuestras vidas comunes para nuestro crecimiento y desarrollo, y también el de su sociedad.