Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
Hemos celebrado la fiesta de la Epifanía domingo pasado. La palabra Epifanía significa manifestación o revelación. Si bien pensamos en los Reyes Magos en Epifanía, Epifanía celebra tres manifestaciones o revelaciones del Señor Jesús: la llegada de los Reyes Magos; el Bautismo del Señor Jesús; y la conversión del agua en vino en las bodas en Caná de Galilea. Hemos celebrado los Reyes Magos el domingo pasado, celebramos el bautismo hoy y celebraremos la boda el domingo que viene.
Todos los cuatro evangelios narran el bautismo del Señor por Juan. Dicen que Juan bautizó a Jesús en el rio, pero no hay un solo relato que describe como Juan le bautizó.
Los evangelistas nos dicen que Jesús fue bautizado y él oraba. Esto sucedió en la tierra en el rio. ¿Qué pasó en el cielo? Lucas nos dice que el cielo se abrió y que una voz del cielo declaró que Jesús era el predilecto Hijo en quien Dios estaba complacido. En otras palabras, Dios ratificó en el cielo lo que pasó en el mundo en un rio. El mundo y el cielo no son entidades separadas, sino que forman un continuo de cooperación e interrelación. El cielo y el mundo comparten en el bautismo de Jesús.
¿Sabe qué? El cielo y el mundo no sólo íntimamente se conectan en el bautismo del Señor, sino también se conectan íntimamente con nuestros bautismos y con nuestro tiempo en la Iglesia. Es por eso quo podemos celebrar los misterios del Señor en la misa y recibir el cuerpo y la sangre del Señor Jesús. Es por eso que el sacerdote puede absolvernos de los pecados. Es por eso que Dios puede bendecir las bodas del mundo con las bendiciones del cielo. Es por eso que todas las actividades y acciones de la Iglesia pueden producir éxitos en el cielo. No sabemos como Cristo trabaja con la Iglesia para producir éxitos en el cielo. Pero estamos ciertos que lo hace.
¿Cuál es el misterio? Es que Cristo y el cielo íntimamente se implican con nuestra vida en el mundo. Incluso sobre nosotros el Espíritu Santo ha descendido y incluso sobre nosotros aun sobre nosotros la voz de Dios ha declarado que somos hijos predilectos de Dios en quienes Dios está complacido.