Por favor, lean este pasaje antes de la homilía.
Los zoroástricos siguen una religión anciana. Hay algunos que piensan que los Reyes Magos fueron zoroástricos. Vinieron del este, de la tierra del amanecer. Ellos representaban los no-judíos, los paganos del mundo que eventualmente conocerían a Cristo que es el Hijo de Dios.
Nosotros debemos reconocer a todos los pueblos del mundo que son como los Reyes Magos. Vienen del este, del oeste, del norte y del sur para que compartan con nosotros los tesoros del Niño que recibió a los originales Reyes Magos.
Los Reyes Magos se desafiaron a ver en el Niño que estaba en la casa, el que era Dios. Nosotros nos desafiamos a ver en el extranjero uno de los Reyes Magos. Si encontramos al Niño, entonces, como la santísima Virgen María y José hicieron, veríamos a todos extranjeros.
Es la Epifanía y su nombre significa revelación. Ahora es tiempo de revelar a los demás nuestra fe en Cristo. No es tiempo de esconder nuestra fe; es hora de enseñar nuestra fe a todos enseñando a los demás las maravillas que Dios ha hecho. Los zoroástricos, los taoístas, los musulmanes, los ateos, los chinos, los gais, y todos los demás que están buscando al Niño para adorarle.
Los judíos son protectores de la Sagrada Palabra de Dios. Los ortodoxos tienen los mismos siete sacramentos, los verdaderos obispos, sacerdotes y diáconos como nosotros. Los protestantes comparten con nosotros la creencia acerca de Cristo. Todos aquellos tienen lugares en nuestra asamblea para celebrar al Niño de la Epifanía.
Es Epifanía y el mundo está lleno de los desconocidos que buscan a Cristo para la curación del cuerpo o de espíritu. Como Cristo, y en el lugar donde estuvo Cristo, nosotros somos los que debemos recibir a los desconocidos y recibir los regalos que traen, si es oro, incienso y mirra, o si son sus penas, sus quejas o sus temores.