Por favor lean este pasaje antes del comentario.
El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo, a un comerciante en perlas finas, y a la red que los pescadores echan en el mar y recoge toda clase de peces. El reino de David y Salomón no era el reino de los cielos, sin embargo, requería sabiduría para guiarlo; Salomón pidió al Señor, cuando el Señor se le apareció al rey en sueños, que le concediera sabiduría de corazón para que supiera gobernar al pueblo de Dios y distinguir entre el bien y el mal. No pidió las riquezas ni poder político, pero el señor concedió a Salomón riquezas y sabiduría.
Podemos decir que en un cierto sentido, el reino de David y Salomón se consideraba como el Reino de los cielos porque David y Salomón gobernaban sobre la autoridad de Dios. En otro lado, el Reino de los cielos era más grande que el reino que ellos gobernaban.
Jesús Cristo es el Reino de los Cielos. Su presencia llena los cielos y su gobernación se extiende más allá de los cielos. Su reino es en tesoro escondido en un campo que vale más que la totalidad del campo es una perla que más vale que todas las joyas, es una red para recoger todos los peces del universo. El Reino de los cielos sobrepasa todos los productos nacionales brutos de todas, las naciones del mundo.
Tenemos el reino de David y Salomón, que Dios ha bendecido y el Reino de los cielos que la persona de Cristo llena. ¿Cuáles reinos tenemos nosotros que son vacíos hasta que Cristo los llene? Necesitamos la sabiduría de Salomón para pedirle a Dios que nos guie para que distingamos entre el bien y el mal de nuestros recursos.
Nuestros reinos no son el Reino de los cielos. Nuestros tesoros no son tesoros escondidos en un campo, ni perlas escondidas en algún bazar, ni los peces del mar. Son falsificaciones y engaños obstáculos que confundimos con el verdadero tesoro.
El joven Salomón, se llamó un muchacho que no supo como actuar. Buscaba un corazón y la sabiduría para distinguir entre el bien y el mal. No importa nuestra edad o la falta de ella, necesitamos el mismo corazón y entendimiento como David y Salomón.
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